25.11.09

I

El cielo siempre negro, la comodidad, caminar despacio o rápido y que dé igual. El cielo siempre negro, lo que hacía que todo fuera más fácil. Entonces, bajo la oscuridad, la noche y todos pasaban lenta aunque inequívocamente de un lado a otro. Todos avanzaban robóticamente, sus movimientos, tan acertados, causaban vacilo. Humanizadora de cuerpos secos, les hablaba, y, recién ahí, aquellos adquirían su piel, su carne. Recién ahí retomaban sus almas, y las abrazaban sólo hasta que ella los dejaba en el camino. Esta humanizadora, esta amante, se desnutría de amor. Daba, daba siempre color. Se desgastaba, sí. Ya no sonreía. Hasta que, de repente, en su mirada las calles se pintaron de rojo sangre, el cielo de rojo fuego, las calles caminos intransitables, los hombres ya no estaban, no como ella los había conocido:


Las calles parecían repetir la calle. Caminaba siempre apresuradamente, entre las flores y las balas. Todos los demás corrían, como locos, sin darse cuenta. No, no era como el resto de los lugares donde estaba pasando lo mismo, porque era ella descalza en una calle de sangre y lágrimas. Ella también se repetía, repetía los platos, la hora, sus besos y su color, mientras sudaba mucho. Solía disimular, no sabiendo nunca si era por el miedo o el encanto. La falsedad la atraía al punto de simular no notar nada, y la falta de ganas la atraía a la falsedad, y no notaba nada pero lloraba mucho. Todos se preguntaban a qué se debía el llanto, pero creían mejor dejar que las lágrimas solas extirparan el dolor, ese dolor inexacto que sentía, que no la apuñalaba, pero la hería.
La casa en la calle. Allí se guardaba, en una caja de enciclopedia muda, que teatraliza tétricamente pero que al actuar despliega sus palabras como catarsis.
No solía soñar, no sabía que estaba soñando, no sabía que estaba deseando estar soñando, soñaba sin soñar, sin querer saber. Las cosas se daban, el tiempo daba vueltas, los relojes, expuestos en las calles, se tildaban, y los pasaba, y se apresuraba.
Amaba correr, ya que el tiempo no pasaba, mientras se la pasaba corriendo, y entonces siempre volvía al mismo inicio, con seguridad y miedo, con calor y viento.

No había sillas en ningún lugar. Pensaba que todos presuponían su muerte cercana.
Pero aquellos todos no sabían nada de eso, solamente ya no se sentaban.

Ella fantaseaba, mucho más allá de las muertes, y sabía que nunca iba a morir. Se refugiaba, entonces, en su guarida, pintadas las paredes de azul, y gorrioncitos en una boca de tigre, panza del tigre a la que ella viajaba, una gran puerta negra hacia la noche. Acaso una vez bajó las persianas y nunca más las subió. Y se asfixiaba y lloraba y alucinaba dentro de cuatro paredes, de dos ventanas de persianas bajas, de un armario, una cama, un vaso, dos platos, un baño y un vestido.

Sin su temor a la muerte, podía caminar, despacio, hasta, también, llegar a sentarse, en cualquier lugar, pensaba que ya no importaba, a pesar de todos.
Recordaba mucho, siempre. Le gustaba, ella quería recordar, siempre. Recordaba los jardines. Ahora los estaba imaginando, y les daba su razón, su implicancia, siempre preguntaba por qué, por qué, porque…
Siempre los imaginaba, los soñaba detrás del sueño despierto que debía vivir, una pesadilla horrible, perlas de sangre siempre decorándolo todo, lo que se volvía lo de siempre era en realidad parte de un quiebre, ella lo intuía, lo sabía pero más que nada lo intuía, más que saberlo lo sentía, las lágrimas, ella pensaba, sólo quedaban las suficientes para ella y otros pocos, tan faltos de ganas como ella, poco proclives porque ya se habían inclinado hacia otro lugar siempre muy lejano. Aún así, todavía quería, amaba, pescaba y dormía.

19.11.09

Nada es tan triste
como la noche
cuando pasa el viento
conjunto de bocas,
mi voz es tan débil,
tigres que me muerden
y me rugen
y me escupen
y me tiran
pero nada es tan triste
como estar acá
cantando al silencio
de un abismo que me acalla,
todo está bien
todo está más que bien,
hay escenarios
empaquetados
que quiero y me devuelven a mí
para no ser un soldado
de alguna gregaria forma de existir,

y llevar qué en las manos,
y tener qué de alma,
y andar qué calles,
y escuchar qué música,
y cortarse qué brazo,
y aguantar,


el tiempo no existe más.

11.11.09

la eternidad en el instante

Vi el sol,
en el alba las flores,
ya casi,
cerca,
estaba despertándome de a poco,
a medias un juego,
al medio un misterio,
y al final
la acción,
yo vi desde la puerta el jardín
y el montón de nubes replegadas
hasta lo lejos,
fue al fin no ver más los cuerpos
caídos al mar,
desde mi torre de marfil
el temor,
pero después de la puerta
la calma,
me pregunté qué podría ser el sol
pero sentí la calma
y fue tan sólo un momento
entonces me silencié
opté por secarme los ojos
al menos ese rato,
unos instantes en que lo rojo
sólo era parte de la pintura en el cielo
las nubes, las flores, la puerta,
todo parecía desplegarse desde ese sol,
todo parecía nacer por estar el sol allí,
no habían candelabros,
no habían falsos remedios efímeros
pues
la enfermedad no estaba,
por un momento
mi mente de ya no poder más
pensó: yo también estaba allí porque el sol lo pedía quizás,
estuve librado a una dicha necesaria
que duró mil años,
que duró la eternidad en el instante,
un momento de contemplación absoluta,
haciendo el amor con las flores, con las nubes,
no llegué a intentar responderme qué era ese sol,
algo en mí me lo evitaba,
pues eso, la respuesta, no parecía ser necesaria,
reconocí entonces que yo, para la felicidad,
debía liberarme,
debía desnudarme, ya estaba desnudo sin siquiera saberlo,
todo lo que allí veía y pasaba era todo necesario,
nunca me pregunté por qué (más allá de algunos titubeos),
lo que puedo decir
es que todas las vanidades
desaparecieron, no estaban allí,
solo estaba con las flores, en la puerta, yo, mirando las nubes,
reconocí la simpleza,
me liberé del bien, me liberé del mal,
y sólo al bajar a la tierra, tan sucia,
comencé a preguntarme,
pero ya no estaba el sol,
ya no estaba la puerta abierta,
ya no podía ver las nubes ni las flores,
mil preguntas sobrevinieron,
y mil respuestas nunca llegaron,
y ahora mi habitación es un infinito
atrapado entre paredes.
Una paz...
flores y música, todo esto es para nosotros,
estamos bienvenidos ante nadie, el infinito
reviso mis dedos con una incomprensión que me da risa
reviso mis dedos como reviso los árboles, las hojas ya caídas, las que no cayeron todavía, la tierra que intuyo bajo el cemento, todo lo que no ha sido corrompido por la veleidad de los necrófagos que transitan como animales insectos que perdieron la esencia y se dejaron llevar hacia la luz y que después de la luz sus ojos (de pared) sólo vieron los focos, ya ni la luz, ya ni la sangre,
si me vieras... me meterías en una cárcel y me mandarías a matar después,
porque estoy tan alejado de aquí pero en algún lugar estoy que si pudieras verme sólo dudarías ya de dónde vos estás parada, ¿creías que los hombres sólo habitaban la tierra? entonces dónde estás vos, y dónde estoy yo...
estás insegura, como todos, porque desnudándote nunca vas a alcanzar saber si realmente te sacaste las ropas, si ya no tenés disfraz...
yo.. yo no sé quién soy, no puedo descubrirme aún, pero vos, vos tenés la falsa conciencia en tus manos, y ni siquiera podés ser lo suficientemente idónea como para celebrarla... sería eso una contradicción, no se puede ver y ser, no se puede ser dios.., estás ciega, mi amor, sos tan ingenua, tan ingenua, y yo tan ingenuo, entre estrellas fugaces sólo pido el encierro, bajo tierra, no quiero ver nada, yo busco lo que vos sos, tu inconciencia, tu ingenuidad, para al fin poder saborear sin más la simpleza, el encanto, tu falso encantamiento, el falso desfile de falsos modelos,
me digo: basta de pensar: pienso basta de pensar, pienso... basta de pensar, pienso...
yo no creo,
son tus murmullos en desorden los que agarro del aire,
y desordenadamente siento cómo tus desórdenes, imposible para vos verlos bajo el desorden, me afectan a mí, desordenadamente como vienen, en un orden que parecería nunca acabar,
me molesta el tiempo porque sé que tengo poco y acá está todo muy desacomodado, no es que haya una forma específica que buscar, el problema en sí es que alguien aquí ha desacomodado las cosas, a corrompido la naturalidad...
qué tanto? es en sí eso...
no te creo bien, ni te creo mal, solamente hacé tus valijas...
yo siempre estoy de viaje.

9.11.09

Una entrada, una salida,
un pedido, una entrega,
un apoyo, una contemplación,
una droga, una vena,
una sangre, un vaso,
una boca, un beso,
una pierna, un tiempo,
una piel, una navaja,
un corte, un desangre,
una contemplación, un derrame,
un suelo, un charco,
un cuerpo, dos cuerpos,
un alma, una brisa,
un bosque, un árbol,
un juego, un baile,
un corte, dos viajes,
dos vueltas, un alma,
dos cuerpos, un cuerpo,
un corte, un cuerpo,
una espada, un suicidio,
dos cuerpos, un alma,
dos tiempos, dos ciudades,
un incesto, un amor,
una calamidad, un verso,
un loco, un verbo,
un entierro, una flor,
una palabra, mil versos,
un verso, un suicidio.

4.11.09

perfume

Exhalaciones en el vientre, por adentro, dedos de rouge dictaminan el sabor de la sangre sin hedores, sabor de caracoles rojos súbitos que aparecen en las manos de arena que tiñen el tiempo, flores que trastabillan entre pétalos, una voz inaudible penetra en los escenarios poblados por sombras cadavéricas y anuncia y denuncia que el sol apadrina los cuerpos y tan sólo es necesario conseguir la butaca y sentarse a ver para hacer la vida, todo pasa rápido, todo cambia para hacer algo, para hacernos ser, para sernos algo, solamente tengo tus palabras enhebradas por blancos y rojos dedos y puedo decir que todo el color se relame entre tus versos y la espera del encuentro, una vez hubo un jardín de las bienvenidas cerrado al pasado y a los cuerpos para hacer del hombre, en la desesperación, el que espera por algo más, por rojo vino, dulce sangre, alas dóciles, un jardín al sol.

29.10.09

Género, soldados

Rearmo, recojo, alumbro y lo siento
las piernas del aire en las bocas se expanden
por aire y por voto y por tiempo y las risas
donde sean, olvidadas entre sí las unas por las otras
se complementan a los pasos y con suspiros de recuerdo
es así que jadeamos no para volver
tan sólo por seguir,
sustentos, instrumentos musicales
pueden sonar desde los ojos,
sólo con usar los ojos,
controlables visiones, mágicas brindan por nosotros
que las hacemos palabras
que mezclamos las esencias,
copas de carmín
alzadas desde el pasado
por brazos jóvenes y joviales
desprendidos de los centros
y temblorosos y temerosos y temerarios,
la dulce lluvia
tiene
del tiempo, el todo,
es así como nos desvirga con los pasados
es así como al impactarnos
nos revuelve,
las lluvias estacionales
no son esas lluvias,
yo digo las lluvias
que nos empapan de barro,
que nos hacen hombres
al hacernos
género.

28.10.09

El extranjero

Él camina,
sus pies son suaves como sus
pensamientos,
se hace más suave mientras que hay
menos viento,
el se maneja
y no entiende
por qué es forzado
a volar,
entiende todos los puntos
pero no ve con total claridad
las razones de otras almas
que hablan en su lugar,
que profesan en vano y con sacrilegio
palabras sin centro
palabras más que abiertas,
enamoradas mujeres que se versan
entrelazadas para hacer el aire y rozarnos los rostros
y para hacer figuras y
para hacer de él algo indiferente
y que no profesa nada
por no sostener nada demasiado bien,
él cree, no necesita castillos en el mar,
el se baña sí, mientras duerme,
él se insola, también, en su playa desde su joyolina de papel.
al final hace un viaje
que se expande como fiebre desde los oídos
hacia todo el cuerpo
de aquellos
que lo
leen.

26.10.09

Brazos y piernas, amarillas, se roban los poros del suelo y no hay por dónde avanzar.
Transparentes caras leprosas o corroídas se acercan hasta mí y confluyen conmigo mientras se trasportan desde el pasado hasta aquí, que recobran su cuerpo y desde la tierra resurgen, desde el barro, huellas huellas.
Dolor sin cuerpo, del aire, cerrar los ojos, mejor manera de mirar.
Tristeza, sudor de las manos, lágrimas de otros ojos, manos mojadas de dolor, manos que simulan sólo calor.

25.10.09

hablar por hablar
tan sólo por sentir
las habladurías
no las palabras del mundo que giran sobre un anfiteatro de papel.

sentir por sentir
por ser la sangre
de los grandes elefantes del cielo,
por ser el sueño
y generar la avenida con versos de las todas sangres.

ser
como el loco de la calesita,
ser idioma extraño,
ser tan sólo hueso.

soñar con los dioses
a flor de piel,
estar hecho de honores
mientras mordemos la flor.